Revisión Pedagógica desde la visión de un padre

Revisión Pedagógica desde la visión de un padre.

Hace unos días pude charlar con unos compañeros de Pedagogía acerca del sistema educativo actual. Desde el papel más formal, los itinerarios, las materias, y las estructuras han cambiado. Sin bien es cierto que el COVID ha participado con su influencia en todos los niveles. No obstante, pese a los cambios, adaptaciones, o intervenciones, la escuela sigue siendo prácticamente igual, una sombra que refleja las escuelas de hace 20 o 30 años. Si a día de hoy se estableciese una evaluación de competencias artísticas, creativas o madurativas, seguramente estaríamos a la cola de Europa. Esta percepción es puramente subjetiva, sólo parte de una visión personal. Si consideras lo contrario, lo respecto totalmente. Déjame explicarme.

Para llegar a este pensamiento «pesimista» me centro en dos condiciones que me resultan de suma importancia:

a) La preparación docente. No nos confundamos, en este país gran cantidad de los docentes no lo son por vocación, si no por oposición; es decir, por alcanzar un puesto de trabajo estable y con unas condiciones óptimas teniendo en cuenta dónde vivimos. Y es que nuestro sistema premia el «vomitar» los contenidos en un examen, y el desarrollar alguna unidad didáctica; algo que a nivel pedagógico no me demuestra que un docente esté preparado para la docencia. Yo lo he vivido como alumno, y ahora lo viven mis hijos. Docentes que para dar un idioma que no conocen, utilizan el traductor de Google. Pero no son casos aislados, habla, preguntas, escucha…

Para mí los profesores deberían ser una de las profesiones mejor remuneradas, pero también de las de mayor preparación. Me consuela sí conocer casos de éxito, maestras/os que sienten pasión por la enseñanza, y nivelan ese pesimismo con el que comencé estos párrafos. Mis compañeros pedagogos me hablaban de la preparación individual y el interés de los docentes, pero el problema sale de la raíz, porque cuando hablamos de oposiciones, sólo pensamos en los exámenes, en las pruebas que hay que superar. ¿Acaso un estudiante se interesa por la gamificación, la investigación y el desarrollo de las competencias creativas?. Desde mi perspectiva personal, diría que pocos.

b) El currículo de estudios. Las materias, los contenidos… todo. No voy a referirme solo a la ingente cantidad de conocimientos que los estudiantes deben adquirie, pero sí a los procesos de trabajo con los mismos. Cuando veo que en otros sistemas educativos los estudiantes investigan o trabajan por proyectos, se me cae la baba. Aquí también se hace, pero en caos aislados. Y ojo, trabajar por proyectos no es seleccionar un tema y mandar para casa unos recortables para que tus padres te ayuden con las tijeras; trabajar por proyectos e investigar requiere precisamente de una participación activa de los estudiantes. No quiero profundizar en esto, porque podría dar para un libro, aunque es una pena que sigamos con las clases puramente magisrales y los ejercicios.

Para completar esta reflexión, ¿dónde quedan las herramientas tecnológicas?, ¿dónde se entrenan las competencias artísticas?, ¿por qué no se gamifican más las asignaturas de idioma?. Muchas preguntas, muchos problemas, y todo sigue más o menos igual.

Una vez conocí un caso en Málaga, de un profesor que diseñó un sistema de trabajo por proyectos para sus estudiantes. Aprendieron felices, entusiasmados, e incluso desarrollaron competencias como el trabajo en el equipo, la capacidad analítica, o la creatividad. Sin embargo, cuando llegaron a la Selecitividad se estrellaron con un muro colosal. Muchas de las familias criticaron la acción formativa, la actuación docente, porque sólo querían ver una nota, un paso a la Universidad.

Pero es que los sistemas de evaluación están diseñados para los propios sistemas de aprendizaje, por lo que parece obvio que si nos salimos del libro «del estilo educativo», estamos sentenciando los accesos académicos de los estudiantes; un galimatías sin retorno.